lunes, 11 de diciembre de 2000

Estimado Vicente ...

Estimado Vicente:

Me dirijo a ti por tu nombre de pila no por irrespetuoso, si no por que así, hablando de tú, en confianza, estoy seguro que fluirán mejor las ideas. Antes que nada quisiera decirte que nunca pensé que en el caso de que ganaras la elección tu triunfo fuera reconocido. El día de la elección toda mi familia estaba reunida muy pendiente de los resultados, digo para confirmar lo de pasadas elecciones, y así que cuando escuchamos las primeras encuestas de salida, después al IFE y finalmente la confirmación de Zedillo en lo particular a mi me invadió primero la incredulidad, el asombro, la alegría, la esperanza y ahora después de casi 100 días una gran preocupación.

Verás, me llamó mucho la atención tu declaración en el sentido de que ya hemos perdido mucho tiempo, decías que los que estamos como yo, en buena posición, no tenemos prisa por los cambios, pero que la inmensa mayoría del pueblo sí la tiene ¡ y mucha !. Tienes toda la razón México no puede perder ni un minuto más.

Para mi los objetivos que planteas en tu discurso cotidiano están más que claros. Lo que me preocupa es el ¿cómo? y no porque dude de tus buenas intenciones o de tu capacidad de gestión sino por que el tamaño del reto es increíble.

En la Unión Europea señalaron con toda razón que hay mucho que hacer – yo diría que todo- en materia de corrupción y transparencia, lo que trajo a mi memoria aquello que dicen de que la “corrupción somos todos? Y me pregunto ¿cómo le vas a hacer? ¿cómo le vas a hacer para que el voto de confianza que te otorgaron se traduzca en confianza plena en tu liderazgo? ¿cómo le vas a hacer para que el pueblo se deje conducir y colabore efectivamente con las acciones de gobierno?

Si no logras que tengan confianza, no solo en ti, si no en todo tu equipo de trabajo, a las primeras de cambio retirarán el voto de confianza y sin su apoyo no podrás lograr mucho que digamos. Pienso que tenías toda la razón cuando mencionaste, en esa misma gira por Europa, que si tu gobierno no cumple será el más detestado.

El hecho es que pocos hacemos nuestra la frase “México Creo en Ti”

Han sido muchos los años los que el pueblo ha sufrido y como dice el dicho, la “burra no era arisca”. Así hoy la gran mayoría, los que tienen prisa, luchan solo por SU estricta supervivencia y esto es lo más inconveniente que pueda haber cuando de colaborar y de valores se trata. Los otros, esos, los que lo lograron a pesar de los pesares, de buena o mala manera, salir adelante, como bien comentaste no tienen prisa.

Y estoy seguro que los dos grupos después de tantos años de ver la basura fuera de su lugar ya les parece la cosa más natural del mundo. La corrupción pareciera que se ha embebido en muchos de nosotros. La basura fuera de su lugar, hacer “horas pompa” en las oficinas, aceptar sobornos, dar mordidas, pasarse un alto, tirar el agua, usar “diablitos”, ser indiferentes ante los problemas de su comunidad, esperar todo del gobierno, hacer lo indispensable o nada si es posible, subir y vivir a costa de los demás... ¡de lo que sea!, son parte de lo cotidiano.

Y para acabarla de amolar hay un tercer grupo, aquélla elite que hoy ya está buscando ponerte piedritas en el camino por aquello que si el poder no es mío, que no sea de nadie, punto y aparte los grandes intereses económicos que puedes afectar en tu afán.

Así que el tamaño del reto, como te comente, me lleva a una gran preocupación y recurrentemente al ¿cómo le vas a hacer? Porque no se trata solo de re estructurar al gobierno, de poner nuevas caras al frente, meter en caso dado alguno que otro corrupto a la cárcel, ni de programas bien pensados que puedan ser bien instrumentados por los funcionarios honestos y capaces que seguramente serán los de tu gabinete. Pienso Vicente que no se trata solo de eso, pienso que para todo ello se requerirá de un insumo esencial: un pueblo que colabore decididamente, que sepa esperar a los resultados porque lo que propones lleva tiempo, que confié plenamente en el liderazgo de tu gobierno.

¿Cómo le vas a hacer?

martes, 22 de agosto de 2000

Nuestra sufrida Madre Patria

Debe ser realmente insufrible hoy el dolor de nuestra querida Madre Patria cuando se le muestra irreducible; atroz; la verdadera y abyecta faz de quiénes aún gobiernan sus solares. Pobrecita madre nuestra ¿Cómo mitigar tu dolor? ¿Cómo?


Acteal, Tierra Blanca y tantas otras tragedias anónimas a las que se suman ahora las muertes de Chimalhuacán ¿cuál sigue? ¿hasta donde, Madre mía, llegarán tus lamentos? ¿hasta cuando podrás volver la vista y llenarte de orgullo, por nosotros tus hijos?.


Difícilmente estamos correspondiendo a tu amor de madre, a los dones que nos entregaste ¿o acaso ese fue tu error? Y es verdad como dicen que la noticia mala de México ¿somos nosotros, tus hijos..., los mexicanos?

Me niego a creer eso, porque los muchos que conozco no son así, mis amigos, mis compañeros de trabajo, mi familia, yo mismo no soy así. ¿Qué pasa entonces? ¿Quién si es así? ¿Quién llevó a sus fines, la demencia, la sin razón y la tragedia? ¿Quién alimentó a esos buitres que ahora, hambrientos, desesperados tornan en ignominia el reclamo de lo que nunca les debió ser dado.


A ese “quién” dirijo mi suplica, por favor “quién” vuelve tus ojos hacia lo que creaste en pro de tu ambición y no solo pide perdón a nuestra Madre Patria y a tus hermanos. Por lo que más quieras, ¡controla a tus esbirros y termina ya de morir!


México no merece esto, ninguna madre merece sufrir por sus hijos, ninguna madre merece ver morir a sus hijos por la ambición y el odio de sus otros hijos.


¿Hasta cuando seguirán tus lamentos, Madre Mía? ¿Hasta cuando lo permitiremos?

Quisiera borrar todos los agravios que te hemos hecho, quisiera dejar en el olvido el oprobio y la miseria, el odio y el rencor; y construir solo mirando al futuro. Pero no es posible, las tumbas están ahí y son nuestros muertos, tus hijos, mis hermanos.


En tanto que los otros, en mala hora también tus hijos, mis hermanos, caminan impunes, sordos y ajenos a tu dolor, a nuestro dolor.


¿Hasta cuando?


Enrique Chávez Maranto

domingo, 30 de julio de 2000

México creo en tí - Del porqué el PRI perdió las elecciones

Las siguientes reflexiones las escribí en 1995 a propósito de las fiestas patrias, solo para mis ojos, hoy me parece que explican porqué el PRI, a la postre perdió las elecciones:

México creo en ti: Esta frase, que en nuestra niñez demandaba el mayor de los esfuerzos para construirnos un futuro promisorio, el día de hoy no tiene mayor sentido.

¿Cuál es el México en el que debemos de creer ?

¿En el México de los privilegiados?, ¿en el México de la pobreza extrema y la ignorancia?, ¿en el México de una clase media endeudada, en peligro de extinción sumisa y temerosa?, ¿en el México de las “privatizaciones”?, ¿en el México que nos pinto Salinas?, ¿en el México de la corrupción generalizada, el narcotráfico y la violencia?.... realmente no encuentro un México en el cual creer.

Tendríamos que regresar a lo básico, darle plena vigencia a los principios fundamentales que hasta hoy solo han sido teoría pisoteada una y mil veces: Democracia, Federalismo, Municipio Libre, Derechos Humanos, Estado de Derecho...., banderas que han sido retomadas solo cada 6 años, promesas incumplidas una y otra vez que han tornado a un pueblo decidido y solidario que en 1938 se unió entorno a un líder, su presidente, el Gral. Lázaro Cárdenas, en un pueblo que ya no cree en nada. Golpe tras golpe, la roca de la credibilidad del pueblo y la fe en las instituciones republicanas ha sido desmenuzado. El daño esta hecho y aún con las mejores intenciones repararlo será una labor muy, pero muy difícil.

Pudiera ser que el Presidente Zedillo fuera el líder que buscamos, pudiera ser que su visión del México del futuro fuera la correcta, pudiera ser que su honestidad fuera real...pero aun así le haría falta para superar la crisis, aquel pueblo decidido y solidario que en 1938 se unió en torno a su líder.

En estas fiestas patrias cabria la reflexión...,

¿Qué es más importante controlar las variables macro económicas ó recuperar la fe que el pueblo ha perdido?.

¿Como debería el gobierno hablarle al pueblo de México? ¿en términos de balanza comercial, tasas de interés, UDI´s, ADE, etc..? ó ¿con hechos satisfaciendo el anhelo de justicia metiendo a la cárcel a los que si dispusieron y siguen disponiendo del patrimonio del pueblo?.

Debe mostrarse en los hechos, la voluntad política de llegar hasta las últimas consecuencias y cumplir fielmente, transparentemente lo que solo hasta ahora ha sido teoría: Democracia, Federalismo, Municipio Libre, Derechos Humanos, Estado de Derecho.... Y entonces, solo entonces, se podría decir de nuevo: México creo en ti.

¿Tan mal están las cosas?, ¿Realmente nosotros pueblo, nos sentimos así de decepcionados?.

Si es así, creo que no es del verdadero México del que he estado hablando, si no de los síntomas de la enfermedad causada por sistema corrupto que ya no funciona.... y que solo con el diálogo, la concertación y el esfuerzo sostenido y honesto de la sociedad en su conjunto: gobernantes y gobernados podremos superar. Este barco es nuestro barco, y esta haciendo agua, y si bien es importante castigar a los culpables no podemos perder mucho el tiempo en eso antes de tapar los agujeros. Solo esperemos que este capitán no nos falle.... como cada seis años.

jueves, 13 de julio de 2000

No nos falles - Sobre la conciencia de nuestra responsabilidad ante el cambio

El primer resultado del 2 de julio es el hecho de un país dividido en vencedores, vencidos y aquellos que, agotada la confianza en las instituciones, decidieron mantenerse al margen de un proceso que anticipaba para ellos - con fundadas razones históricas - “mas de lo mismo”.

El hecho es que estamos aquí y ahora con un Vicente Fox – formalidades aparte – ya presidente electo, que enfrenta en primerísima instancia el gran reto de la reconciliación nacional para que a partir de ello se pueda realizar el cambio anhelado por todos nosotros.

Sin embargo el escenario actual no es halagüeño para este propósito: los vencidos, que con madurez deberían asumir el nuevo y fundamental papel de una oposición digna dentro la política nacional, se encuentran enfrascados en una trágica contienda por el control del los restos de su amarga derrota de la cual, al igual que el dos de julio, no saldrán vencedores y solo provocarán, aún mas, la división de su partido y por que no, su extinción.

Por el otro lado, los vencedores, aquellos promotores del cambio, que con el grito “no nos falles” evidenciaron la inconciencia de su responsabilidad por la voluntad que manifestaron en las urnas, descargan en Vicente Fox todo el peso del futuro de nuestro país.

En suma ni Tirios ni Troyanos parecieran comprender la magnitud de lo que TODOS hemos provocado.

El dos de julio de 2000 los votantes manifestaron su voluntad, les fue reconocida y esto por si solo constituye ya un hito en la historia de nuestro país sin embargo nada ha cambiado y nada cambiará en el sentido de nuestras esperanzas, si no asumimos la actitud que permita a México, al margen de los intereses de los grupos en pugna, obtener la mejor de las experiencias.

La transformación deseada no será nada sencilla, hasta hoy el sistema imponía sus decisiones al margen de lo que nosotros, el pueblo, pudiéramos o no pensar. A eso nos hemos acostumbrado: a no tomar decisiones y a no participar.

Hoy todo deberá ser diferente si realmente deseamos convertir nuestro voto en un acto responsable que nos conduzca al país que todos anhelamos.

El PRI en este momento de dura prueba debería con madurez buscar un fuerte y transparente liderazgo de transición que conduzca la profunda y necesaria reflexión - sobre las causas del hecho consumado de su derrota - a partir de la cual pueda hacerse efectivo el “nuevo PRI”, pregonado en la campaña de Francisco Labastida, que se convierta en el contrapeso crítico, proactivo y coadyuvante que el futuro gobierno requiere.

Los que votaron por Vicente Fox – no necesariamente los panistas – deberían cambiar el grito aquel de “no nos falles” por el de “no te fallaremos” y empezar a participar “hoy” promoviendo el cambio de actitud hacia una ciudadanía participativa con conciencia plena de su corresponsabilidad en el cambio. El voto ahora hay que respaldarlo en lo hechos.

martes, 30 de mayo de 2000

Cosoleacaque y el campo, carta al candidato

Sr. Candidato,

En mi opinión la importancia estratégica de los asuntos del país está directamente relacionada con el impacto que dichos pueden tener en la supervivencia misma de su pueblo. De hecho de la garantía de la supervivencia digna depende el ejercicio pleno de la soberanía.

Si bien es muy crítica la situación de todo Pemex-Petroquímica, particularmente me preocupa, y ocupa, el estado de las cosas del contexto de una de sus filiales: Petroquímica Cosoleacaque que; otrora uno de los mayores productores de amoniaco a escala mundial, proveedor de la industria de los fertilizantes nitrogenados y por ende piedra angular de la producción de alimentos del país; está a punto de desaparecer, con las gravísimas consecuencias que esto representa para el agricultor nacional y el país en su conjunto cuya producción de alimentos quedaría totalmente supeditada a los fertilizantes importados.

La producción de alimentos y todos aquellos elementos que concurren deberían ser en mi opinión de importancia estratégica para el Estado sin embargo, Petroquímica Cosoleacaque siendo como es piedra angular de la industria de los fertilizantes esta, repito, al punto de cerrar sus puertas en el contexto de la grave crisis e incertidumbre en la que está inmersa la petroquímica nacional.

Muchos esfuerzos se han realizado dentro del organismo para proponer una solución viable a la problemática de Petroquimica Cosoleacaque sin embargo, todos los escenarios planteados nos llevan a que, desde un punto de vista estrictamente financiero y puntual, la empresa no tiene muchas posibilidades. Los resultados de Petroquímica Cosoleacaque son extremadamente sensibles a los precios y disponibilidad del gas por los altos consumos y a la gran competitividad de los fertilizantes nitrogenados importados.

Lo anterior debió obligar necesariamente a la oportuna actualización tecnológica de sus plantas para reducir el consumo del gas como insumo y como combustible cosa que no se hizo por la falta de inversión en la petroquímica; y a negociar el mejor precio posible para el energético, hoy pareciera que es demasiado tarde.

Una empresa es su contexto: Los proveedores, las fuentes de recursos, sus clientes y los mecanismos de control que se ejercen sobre ella. Cualquier desequilibrio en este, llamémoslo, “ecosistema de negocios” atenta contra la supervivencia de todos los que participan.

El problema así planteado es de muy difícil solución dada la gravedad del estado de las cosas al que se ha llegado. Sin embargo dicha solución podría darse con una visión de largo plazo, reconociendo la importancia estratégica para el país de la cadena de valor –gas, amoniaco, fertilizantes nitrogenados y el campo- mediante un conjunto de acciones coordinadas en diversos frentes: precio del gas; mecanismos de defensa ante la importación de fertilizantes de aquellos países con los que no tenemos tratados de libre comercio; mejoras tecnológicas; mejoras en la logística; disminución del costo del control administrativo externo sobre la empresa -que, dicho sea de paso, beneficiaría a todo la industria paraestatal.-; etc. en fin, de todo.

Medidas que en todo caso requerirían de la voluntad política del patrocinador y promotor de mayor jerarquía en el país, nuestro Presidente de la República.

Mucho agradecería conocer sus comentarios respecto a este asunto. Licenciado Labastida,

¿Qué podemos hacer?

lunes, 31 de enero de 2000

Sobre el porqué no se puede en la APF

La desconfianza y la incertidumbre son dos de los jinetes del Apocalipsis que aún asolan a los funcionarios de nuestra administración pública. Sus efectos perversos se han sentido en todo el aparato gubernamental al punto de que la frase “no se puede” se ha convertido en la respuesta obligada a toda propuesta de cambio - hacia una administración pública eficiente, proactiva y orientada al servicio de la ciudadanía- que no esté ya contemplada en los procedimientos.

La corrupción de algunos ha derivado en un sistema de control basado en la desconfianza donde pagan justos por pecadores; donde los verdaderos corruptos siguen haciendo de las suyas y una inmensa mayoría de funcionarios capaces y honestos viven temerosos de caer en las garras de una moderna santa inquisición que busca, al costo de lo que sea, encontrar culpables que justifiquen su existencia.

La corrupción de unos cuantos generó la desconfianza generalizada de la sociedad en todos los funcionarios y el demérito que prevalece de la función pública. Demérito que provocó -mas no justificó- la creación de todo un gigantesco aparato gubernamental que se ha convertido en la causa principal de que nuestros funcionarios, antes que aplicar su experiencia a la productividad, prefieran observar estrictamente el cúmulo de procedimientos que se han generado, muchos de ellos fuera de toda lógica y sentido común, en el afán de satisfacer el justo reclamo de la transparencia en el manejo de los fondos públicos.

Por su parte, la constante incertidumbre sobre el futuro de muchas de las empresas paraestatales y dependencias del gobierno federal han derivado en un liderazgo coercitivo que; antes que sustentar el desarrollo institucional en un sistema de valores compartido que privilegie la comunicación, la colaboración y la coordinación del capital humano como los factores críticos que subyacen en todas las organizaciones exitosas; impone su voluntad al margen de cualquier otra consideración que no sea atender el criterio de la cúpula excluyente.

La transparencia y la rendición de cuentas son, sin duda alguna, reclamos imperativos y justificados de la sociedad. Lo que es irracional, sin embargo, es someter a todo el capital humano de nuestro gobierno a un clima laboral donde prevalece el resentimiento, el miedo, el nulo incentivo al esfuerzo personal y el desperdicio crónico del capital humano, como las constantes de la actividad cotidiana.

Así, bajo esa óptica, muchos prefieren el “no se puede” a morir en la hoguera de la santa inquisición. De revertirse esta situación, de aprovechar realmente la capacidad de quienes trabajan verdaderamente en el gobierno, de incentivar su colaboración y no reprimir su creatividad; de controlar su gestión por resultados y no por el estricto y puntual apego a los procedimientos, los ahorros serían sustanciales, la productividad se incrementaría y tal vez ¿porqué no soñar un poco? quizá hasta disminuyan los impuestos.